





El escarpado terreno de Nájera fue asiento de una importante fortaleza árabe y después cristiana. Sobre los cerros de La Mota y Malpica se levantaron sendos castillos, de los que hoy en día quedan escasos restos de un muro de sillería y una torre cilíndrica.
En 1369 Pedro I fortificó el perímetro de Santo Domingo con unas murallas dignas de una ciudad que debía proteger el legado imborrable del Santo fundador. La muralla, que rodeaba la ciudad en todo su perímetro, tenía una longitud de 1670 metros, 38 torreones y 7 puertas de entrada a la ciudad.
